Él no llegaría en el momento acordado, pero sabía que llegaría. Daba igual la hora si el tiempo después no importaba. Habían quedado a las 6. Un arreglo absoluto antes de cada cita, por dentro y por fuera, quería encantarle. 6 y cuarto. Un toque de su mejor perfume y a esperar destrozándose las uñas que tanto había costado arreglar para que él después le dijera '¿estabas nerviosa?' y ella contestar 'en absoluto'. 6 y media y un pase de modelo para comprobar que los tacones no le jugarían una mala pasada. A partir de ahí los diez minutos hasta las menos veinte se hicieron eternos. Siete menos veinte, suena el timbre y da un pequeño brinco. Por fin había llegado. Se sabía de memoria todas sus excusas por lo que las iba repitiendo en el ascensor hasta llegar a planta baja donde le vería sonriendo desde fuera, donde se derretiría por primera vez en cada cita. Se abrió el ascensor y allí estaba él, apoyado contra el cristal sobre su hombro derecho. Los pantalones vaqueros pitillos, las preciosas timberland que ella le había regalado y la chaqueta de cuero que le hacía unas espaldas inmensas. El gorro sobre su pelo perfectamente alborotado, la barba sin afeitar desde haría ya una semana y esa sonrisa que hacía aún más complicado el intento de enfado por ese retraso que ella ya sabia sucedería. Aún así mantuvo su cara de indignación esperando a alguna de sus excusas y un cariñoso beso de disculpa.Cuando abrió la puerta él se incorporó de manera tranquila sin dejar de sonreír y mirándola 30 centímetros más abajo (aún con los altísimos tacones) a sus enromes ojos marrones. Se agachó hacia sus labios pero no los besó. La agarró por la cintura y la levanto hasta ponerla sobre su hombro como si fuera un saco. Entre todo esto había puesto uno de sus pies en la puerta para evitar que se cerrase. La abrió con gran agilidad a pesar de su peso y con ella al hombro la llevó hasta el ascensor. Al ver que tardaba demasiado decidió subir por las escaleras. Mientras tanto ella le golpeaba la espalda a sabiendas de que no le hacía ningún daño. Trató de bajarse por todos los medios pero él era evidentemente mucho más fuerte que ella. Sabía que de algo bueno se trataba. Mientras subían vio en el bolsillo trasero del pantalón un pequeño papel doblado sobresaliendo a punto de caerse. Por la posición en la que ella se encontraba y ya rendida de intentar bajar de su hombro cogió el papel con mucho cuidado, lo desdobló con más aún y leyó 'Eres mi primer te quiero' No pudo evitar sonreír como una niña pequeña y lo volvió a meter en el bolsillo procurando que él no notara nada, y así fue. Al llegar al cuarto piso, donde ella vivía sola ya desde hacía un par de meses la bajo de su hombro con la misma facilidad que la había subido.
- Señorita.
- Podía subir yo sola, aunque pensé que iríamos al cine y luego a cenar.
- Podemos ver la película que alquilamos hace dos días que no hemos empezado a ver, y yo te haré una cena mejor que la de cualquier restaurante.
- No entiendo para que me he arreglado entonces.
- Por que quieres estar guapa para mi, te habrías arreglado también de saber que nos quedaríamos.
Ella se miró los pies por no tener que mirarle a los ojos y darle la razón como una tonta. Sacó las llaves del pequeño bolso que llevaba colgado al hombro y abrió la puerta con cuidado. Él con un gesto amable la hizo pasar primero, y entró tras ella.
Siempre tan precavida tenía la casa impecable, perfectamente ordenada. Nada de ropa en el suelo de la habitación o las películas encima de la mesa del salón, nada de losa en el fregadero o el sillón desordenado. Él sabía que esto sería así y sonrió al ver que no se equivocaba. Mientras tanto ella preparó el DVD para poder ver la película que tenían prevista. Al terminar se sentó en el sillón quitándose los tacones agradecida de no tener que llevarlos durante lo que quedaba de tarde y noche. Él aún de pie esperaba algún tipo de orden, 'la educación ante todo' pensó. Al ver que no se sentaba le ofreció un sitio a su lado, le extrañaba que no lo hiciera por su cuenta, después de tanto tiempo la confianza sobraba, pero recordó que él era una de las personas más correctas que conocía, en el ámbito público por lo menos.
Fue una de las peores películas que habían visto, pero ya que habían pagado por ella no iban a desperdiciarlo. Los 120 minutos que duró ninguno se movió de su sitio, los dos atentos a la pésima trama de aquella estúpida película. Pero les quedaban miles de minutos más, se podían permitir desperdiciar estos 120.
Al terminar ella le recordó su propuesta
- Creo recordar que hoy harías la cena ¿no?
- A ello iba pequeña.
Se dio la vuelta al notar que sus mejillas iban subiendo de temperatura y podía imaginar el color que estaban cogiendo. Tanto tiempo y aún era capaz de sacarle los colores. Aún era capaz de dejarla sin habla y hacerla sonreír con cualquier pequeño detalle. Y no todas las parejas pueden decir lo mismo.
La pasta siempre funciona. Y funcionó. Unos Ravioli con salsa de queso estupendos teniendo en cuenta los pocos ingredientes con los que contaba. A ella le encantaron y a él eso fue lo que le encantó. Varios halagos a la cena fueron suficientes para una buena velada, sin vino. El vino no le gustaba en absoluto, por muy refinado que fuese. Un par de cervezas solucionaban el asunto.
Mientras ella ordenaba la cocina él trataba de ayudarla sin mucho éxito, no le dejaba hacer nada. Entonces empezó la noche. Sus buenos modales se perdieron mientras ella colocaba la vajilla, al ponerse de puntillas el vestido subió hasta mostrar todo el muslo hasta casi llegar al culo. Él la cogió de la cintura, le dio la vuelta y la besó con toda la pasión que había estado guardando a lo largo de la tarde. La cogió en brazos camino a la habitación y allí volaron. Horas eternas de gemidos, de besos, de abrazos, de sueños. No deseaban estar en otro lugar. Querían eso y lo tenían, y por supuesto no lo iban a desperdiciar. Tenían la perfecta unión entre amor y sexo, entre caricias y arañazos, entre gemidos y susurros.
Al rededor de las 4 de la mañana, rendidos en sudor, satisfechos y enamorados decidieron dormir.
-Te quiero- Dijo él, sin esperar respuesta, era el primer te quiero que diría en toda su vida.
-Y yo.- Respondió ella en susurro, casi insonoro.
Ambos fueron a dormir con toda aquella experiencia en mente, abrazados, pero sobretodo pensando en aquellas últimas palabaras. Había ocurrido, se lo habían confesado.
6 MESES ANTES
Ella se acercó al banco en el que solía sentarse en el parque a escuchar música mientras imaginaba cómo sería su vida en un futuro cercano, pero esta vez había un chico bastante atractivo a la vista leyendo un libro que después averiguó se trataba de 'La Catedral del mar'. Se sentó a un par de palmos de él y justo antes de ponerse los cascos éste le habló.
- Tienes un pelirrojo precioso
- Oh, muchas gracias
- ¿Qué escuchas?
- Algo de Rap para relajarme
...
La conversación duró horas, pero llegó el momento de irse. Ella se levantó del banco y le dió dos besos.
- Aún no se tu nombre - Dijo.
- Toma mi número y llámame si quieres volver a verme, pero nada de nombres, créeme algún día me lo agradecerás- Contestó tranquilo.
Ella apuntó el número y se fue a casa, 'que extraño', pensó 'pero creo que valdrá la pena.'
Pasaron seis meses y 24 horas, despertó en su cama y él ya no estaba a su lado. Algo que ya esperaba, tenía que ir a trabajar a las 7 de la mañana y ya eran las 11. En la mesilla de noche encontró un papel doblado, era el mismo que había sacado el día anterior del bolsillo trasero del pantalón del chico. Lo abrió y cayó otro papel de dentro, este segundo no lo había visto. El primero decía 'Eres mi primer te quiero' y el segundo decía 'Y aún no sé ni tu nombre, nos queda mucho juntos pequeña'. Lloró de felicidad, de emoción de todos lo que estaba sintiendo ahora. Entonces recordó el día que le conoció y en alto dijo;
- Gracias.
- Señorita.
- Podía subir yo sola, aunque pensé que iríamos al cine y luego a cenar.
- Podemos ver la película que alquilamos hace dos días que no hemos empezado a ver, y yo te haré una cena mejor que la de cualquier restaurante.
- No entiendo para que me he arreglado entonces.
- Por que quieres estar guapa para mi, te habrías arreglado también de saber que nos quedaríamos.
Ella se miró los pies por no tener que mirarle a los ojos y darle la razón como una tonta. Sacó las llaves del pequeño bolso que llevaba colgado al hombro y abrió la puerta con cuidado. Él con un gesto amable la hizo pasar primero, y entró tras ella.
Siempre tan precavida tenía la casa impecable, perfectamente ordenada. Nada de ropa en el suelo de la habitación o las películas encima de la mesa del salón, nada de losa en el fregadero o el sillón desordenado. Él sabía que esto sería así y sonrió al ver que no se equivocaba. Mientras tanto ella preparó el DVD para poder ver la película que tenían prevista. Al terminar se sentó en el sillón quitándose los tacones agradecida de no tener que llevarlos durante lo que quedaba de tarde y noche. Él aún de pie esperaba algún tipo de orden, 'la educación ante todo' pensó. Al ver que no se sentaba le ofreció un sitio a su lado, le extrañaba que no lo hiciera por su cuenta, después de tanto tiempo la confianza sobraba, pero recordó que él era una de las personas más correctas que conocía, en el ámbito público por lo menos.
Fue una de las peores películas que habían visto, pero ya que habían pagado por ella no iban a desperdiciarlo. Los 120 minutos que duró ninguno se movió de su sitio, los dos atentos a la pésima trama de aquella estúpida película. Pero les quedaban miles de minutos más, se podían permitir desperdiciar estos 120.
Al terminar ella le recordó su propuesta
- Creo recordar que hoy harías la cena ¿no?
- A ello iba pequeña.
Se dio la vuelta al notar que sus mejillas iban subiendo de temperatura y podía imaginar el color que estaban cogiendo. Tanto tiempo y aún era capaz de sacarle los colores. Aún era capaz de dejarla sin habla y hacerla sonreír con cualquier pequeño detalle. Y no todas las parejas pueden decir lo mismo.
La pasta siempre funciona. Y funcionó. Unos Ravioli con salsa de queso estupendos teniendo en cuenta los pocos ingredientes con los que contaba. A ella le encantaron y a él eso fue lo que le encantó. Varios halagos a la cena fueron suficientes para una buena velada, sin vino. El vino no le gustaba en absoluto, por muy refinado que fuese. Un par de cervezas solucionaban el asunto.
Mientras ella ordenaba la cocina él trataba de ayudarla sin mucho éxito, no le dejaba hacer nada. Entonces empezó la noche. Sus buenos modales se perdieron mientras ella colocaba la vajilla, al ponerse de puntillas el vestido subió hasta mostrar todo el muslo hasta casi llegar al culo. Él la cogió de la cintura, le dio la vuelta y la besó con toda la pasión que había estado guardando a lo largo de la tarde. La cogió en brazos camino a la habitación y allí volaron. Horas eternas de gemidos, de besos, de abrazos, de sueños. No deseaban estar en otro lugar. Querían eso y lo tenían, y por supuesto no lo iban a desperdiciar. Tenían la perfecta unión entre amor y sexo, entre caricias y arañazos, entre gemidos y susurros.
Al rededor de las 4 de la mañana, rendidos en sudor, satisfechos y enamorados decidieron dormir.
-Te quiero- Dijo él, sin esperar respuesta, era el primer te quiero que diría en toda su vida.
-Y yo.- Respondió ella en susurro, casi insonoro.
Ambos fueron a dormir con toda aquella experiencia en mente, abrazados, pero sobretodo pensando en aquellas últimas palabaras. Había ocurrido, se lo habían confesado.
6 MESES ANTES
Ella se acercó al banco en el que solía sentarse en el parque a escuchar música mientras imaginaba cómo sería su vida en un futuro cercano, pero esta vez había un chico bastante atractivo a la vista leyendo un libro que después averiguó se trataba de 'La Catedral del mar'. Se sentó a un par de palmos de él y justo antes de ponerse los cascos éste le habló.
- Tienes un pelirrojo precioso
- Oh, muchas gracias
- ¿Qué escuchas?
- Algo de Rap para relajarme
...
La conversación duró horas, pero llegó el momento de irse. Ella se levantó del banco y le dió dos besos.
- Aún no se tu nombre - Dijo.
- Toma mi número y llámame si quieres volver a verme, pero nada de nombres, créeme algún día me lo agradecerás- Contestó tranquilo.
Ella apuntó el número y se fue a casa, 'que extraño', pensó 'pero creo que valdrá la pena.'
Pasaron seis meses y 24 horas, despertó en su cama y él ya no estaba a su lado. Algo que ya esperaba, tenía que ir a trabajar a las 7 de la mañana y ya eran las 11. En la mesilla de noche encontró un papel doblado, era el mismo que había sacado el día anterior del bolsillo trasero del pantalón del chico. Lo abrió y cayó otro papel de dentro, este segundo no lo había visto. El primero decía 'Eres mi primer te quiero' y el segundo decía 'Y aún no sé ni tu nombre, nos queda mucho juntos pequeña'. Lloró de felicidad, de emoción de todos lo que estaba sintiendo ahora. Entonces recordó el día que le conoció y en alto dijo;
- Gracias.
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